Estábamos yo y mis circunstancias sentados en el sillón de casa y aquello de los Juegos Olímpicos transcurrían en Pekín. A TVE le dió por emitir el partido de baloncesto femenino que enfrentaba a la Selección Española y al combinado de Estados Unidos. De repente, mientras el juego avanzaba y las norteamericanas apabullaban a nuestro equipo, una luz, una estrella brillante emergió del banquillo equipada con el dorsal número 6. ¿Sería la heroína de nuestras chicas? No. Sólo era un espejismo. España perdió de 38 puntos pero yo me acababa de enamorar de ese dorsal. No sé si metió alguna canasta pero... Olé. Ya ni Cid ni Isinbayeva. La 6.