Alejandro Campos Ramírez, apodado como Alejandro Finisterre, fue un escritor republicano que pasó la mayor parte de su vida en el exilio. Su mayor mérito para muchos es que fue el editor e inventor del futbolín.
Durante la Guerra Civil, Finisterre sufrió heridas por la que tuvo que permanecer ingresado.
Con 17 años fue trasladado al hospital de Montserrat (Barcelona), donde ideó una fórmula que originalmente nació para que los niños pudieran jugar al fútbol en el hospital. Para ello, se inspiró en el tenis de mesa y acudió a un carpintero vasco, Francisco Javier Altuna, para que le ayudase a llevar a cabo el proyecto. Pese a que patentó su invento en 1937, no consiguió que el futbolín se fabricase y distribuyese de forma industrial en ese momento, ya que las fábricas de juguetes se estaban utilizando para hacer armas.
Ya en 1952 y exiliado en Guatemala perfeccionó el futbolín y empezó a fabricarlo en serie (incorporando barras de acero y mejorando la calidad de los materiales), aunque en España su invento ya era comercializado por fabricantes valencianos.