lunes, 13 de noviembre de 2006
A estas alturas, después de siete candidaturas sin recompensa al gran premio del cine industrial, a don Martin Scorsese se le pide algo más que rellenar ciento cincuenta minutos de giros de guión, de sobreactuaciones y estrategias de intriga carcomida. No es que Infiltrados sea una mala película, sino todo lo contrario, es muy buena... o mejor dicho, muy correcta. Scorsese ha decidido tomar la senda del cine clásico, como su competidor contemporáneo más directo, Clint Eastwood (con quien me temo que volverá a competir por muchos premios oscarianos dos mil seis), pero con la desgracia de hacerlo con una película que merecía más riesgo en su estructura y en su planteamiento. Muchas son las secuencias (o escenas, según el punto de vista académico) que quedarán para el estudio en las escuelas de cine, como la presentación del personaje de Costello (Nicholson, demasiado excéntrico para ser creíble), los cara a cara talentosos del trío de ases protagonistas, o el acertado uso creativo de los teléfonos móviles (un elemento tan indispensable en nuestra vida diaria que Scorsese ha sabido incluirlo como fundamental en la trama de su película actual). Los pilares sobre los que se eleva este buen film son el guión y los actores. Y ambos no defraudan, pero no recae su mérito directamente sobre el director, quien únicamente presta sus servicios para hacernos entretenido el metraje editado (cosa meritoria, por otro lado). ¿Será una de las mejores películas de este año? ¿Será una de las mejores películas de Scorsese? Puede que sí y puede que no. Son muchos los que apoyan a este director y que quieren que sea reconocido ya con grandes premios. Seguramente así será. Y su última película se convertirá, con el tiempo, en uno de esos clásicos contemporáneos. Aunque por puntos, gana Eastwood.
Publicado por DeckSkull @ 12:02  | Cine y T.V.
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