Tony Gatlif es fiel a sus principios y a su forma de hacer cine. Sus obras son un espectáculo de naturaleza y música. En Swing, como en sus otros trabajos, contempla la vida más cercana a la madre Tierra, aquella que viven los cíngaros más tradicionales al ritmo de la música que ellos mismos crean. Y eso lo sabe plasmar bien Gatlif. Entre fiestas musicales, donde el alma humana experimenta el éxtasis, transcurre una bella historia de amor adolescente y el primer encuentro de un niño con su guitarra. Con una buena estructura y una estupenda naturalidad en la planificación, Gatlif hace avanzar con humor y con anécdotas un entrañable relato. Lo mejor de esta película, sin duda, su realismo y la evidente identificación del espectador con alguno de los temas o episodios narrados. Cine natural y cautivador.