La gran (o pequeña) baza de esta película surge de su original planteamiento que, sin embargo, basa su forma en una mixtura de grandes éxitos comerciales tales como Alguien voló sobre el nido del cuco, Regreso al futuro, Memento, El maquinista o Matrix. El realizador John Maybury nos habla del tiempo que tenemos y de lo que podemos hacer con él. Un mensaje que acaba siendo explícito pero que no sabe expresarlo con congruencia a lo largo del metraje, merodeando la idea de las oportunidades para ayudarnos y ayudar a los demás a elegir un camino correcto en la vida. La película, tal y como se estructura, acaba siendo un absurdo por culpa de la inconsistencia de las situaciones en las que deambulan unos personajes nada claros y penosamente esbozados. El guión presenta multitud de vacíos que hacen inexplicable el desarrollo de la película, llegando incluso a desviarnos del tema principal, sin tener claro el objetivo central del protagonista, que por falta de acierto en la dirección, puede llegar a confundirse con las tareas intermedias que debe acometer antes de alcanzar su meta –tampoco definida, como ya digo-. El conjunto técnico-artístico resultante no deja de ser llamativo. Una estética fría, un ritmo contenido y una complejo entramado de dilatación y contracción temporal nos hacen recordar que lo que vemos ya lo hemos visto antes en un buen puñado de películas similares de los últimos años.
- Son los hechos reales los jodidos, no mi mente.