Akis Kaurismaki nos presenta una película en homenaje al cine mudo. Para ello, no duda en copiar la fotografía, los decorados, la teatralidad y la simpleza del guión, obteniendo de este modo un recopilatorio de lo mejor del primer cine. Metrópolis, Caligari, Amanecer, Candilejas, Potemkin… todo son referentes en esta producción de arriesgada comercialidad. La alabanza de la crítica estaba servida, y aclamó el atrevimiento de este director finlandés sin complejos y acaparó algún que otro galardón en los festivales europeos. La película, en 1923, o en 1926, o en 1919, habría sido una proeza, un alarde de ingenio y atrevimiento técnico. Pero en los albores del siglo XXI se queda en un discreto guiño a la iniciación del lenguaje cinematográfico. Es de agradecer, no obstante, el humor que Kaurismaki sabe introducir y, a pesar de romper con el realismo, ayuda a digerir mejor la proyección.
- No le perteneces más que le pertenece un pájaro cazado y enjaulado por él mismo.