El Oscar a la mejor película de habla no inglesa de 2005 fue a parar a esta producción sudafricana que complace el gusto clásico –léase arcaico- de los miembros de la Academia. Y es que Tsotsi navega –léase naufraga- entre los clichés más evidentes del cine social que siempre ha promulgado Hollywood. Un chaval barriobajero experimenta un profundo cambio moral (y mágico, porque no hay sustento explicativo que demuestre o simplemente describa tal metamorfosis espiritual) dando de lado a su pandilla de delincuentes y optando por entregarse a la policía y así pagar sus culpas (siento haberos estropeado el final, pero tampoco tiene importancia, lo hubierais adivinado a los quince minutos, o menos, si vuestra agudeza fílmica está más entrenada). Gavin Hood, el director novel, carece de visión cinematográfica y se limita a plagiar los estándares comerciales tan manidos como el relato que nos plantea, que puede ser visionado gracias a la calidad técnica de sus imágenes, a pesar de que la composición artística pidiera a gritos el Oscar o algún reconocimiento internacional. Ni emociona, ni interesa, ni entretiene.
- Decencia. Ni siquiera sabes lo que significa. Ni siquiera sabes deletrearlo…
- D-E-C-E-N-C-I-A. Significa “ganarse la vida de forma decente”.
- Nada de eso… decencia es respeto. Si tienes decencia la gente te respeta.