lunes, 30 de enero de 2006
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Pier Paolo Pasolini, estrambótico al máximo, personal en extremo y apabulladamente desconcertante. Así se muestra en su película Porcile, que encaja en la trilogía que completan Teorema y Saló. La mordaz crítica que emprende contra el capitalismo, el fascismo y la religión puede disgustar en forma, pero no se puede negar su contundente fondo, marca Pasolini. El cine italiano, y de todo el mundo, ahogaba sus gritos de ramplonería ante las nuevas experiencias surrealistas que destrozaban cualquier academicismo consagrado. El final de Porcile involuciona todo atisbo de progreso narrativo en una doble historia paralela en la que el poder económico y religioso puede llegar al canibalismo para salir adelante. El capitalismo, sombra del nazismo, se impone en la nueva sociedad, aplacando cualquier reproche adolescente –valga de ejemplo la revolución del 68, a la que se hace mención-. En la Historia, el poder se ha impuesto sobre sociedades, avanzadas y mediocres, ricas y pobres, despreciando instintos y sucumbiendo a las pasiones más avariciosas del hombre. Pasolini se pierde en una pretenciosa hipótesis y despista al espectador, y cuando no, le aburre hasta hacerle perder el interés. Aún sí, el experimento visual permanece en la retina y consigue arrancar delirios de modernidad al final de los 60.
Publicado por DeckSkull @ 16:17  | Cine y T.V.
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