Mike Leigh nos muestra siempre sus historias desde la distancia, impidiendo que formemos parte del entorno que las protagoniza, con la intención de que valoremos los hechos con objetividad. Por ello, muchos personajes dan la espalda a la cámara, o los vemos desde fuera de la habitación en la que están, provocando en el espectador un explícito vouyerismo. El secreto de Vera Drake plantea la legalidad del aborto desde el punto de vista de la ilegalidad. ¿Qué ocurre, ocurría y ocurrirá en aquellos países dónde se practica el aborto ilegal? ¿Es eso positivo? Vera Drake no cuestiona las decisiones de las jóvenes a las que ayuda, sino que tan sólo las ayuda a seguir con su vida, sin acercarse a ellas ni a sus penas. Esta samaritana conoce su mal ilegal, pero su bien moral vence en ella. La simpleza de la planificación de Leigh emociona, aunque gran parte de ello se debe a Imelda Staunton (una de las mejores interpretaciones que he visto en muchos años), capaz de resumir la vida del personaje de Vera Drake en una mirada de apenas ocho segundos. La película transmite las emociones justas en los momentos precisos, si mal, algunos fragmentos podrían haber desaparecido en montaje o, al menos, reducir su metraje.