Un particular estilo invade las producciones fílmicas de nuestros vecinos franceses. El cine de autor gana adeptos en un país de permanente preocupación por el crecimiento artístico en calidad y cantidad. Algo que provoca reacciones airadas en cualquier dirección. Lila dice es una de esas obras que irrita a la minoría y enamora a la mayoría, pero que, sea como sea, estimula, emociona y provoca. La volátil relación amorosa entre los protagonistas, ideal en la fantasía –erótica y pornográfica-, yerra en la realidad suburbial. Una poesía bravata aromatiza los diálogos jactanciosos de Lila (Vahina Giocante) ante un retraído Chimo (Mohammed Khouas). Su porvenir virará en consecuencia a hechos no esperados pero sí temidos, engrandeciendo una película de chocante asimilación inicial y de ligera digestión, no obstante.