El malabarista equilibrio de un buen reparto en altiva confrontación interpretativa dilata, como en este caso, las bondades de un filme tan arriesgado como las relaciones sentimentales que se fraguan en escena. Los matrimonios a la deriva y las infidelidades de necesidad cuestionan la relevancia de los compromisos afectivos en una sociedad tan competitiva como nihilista. Conforme pasan los minutos, las parejas se destruyen y los ideales románticos dejan paso a las realidades eróticas. La personal dirección del cineasta John Curran nos reserva un espacio privilegiado en la intimidad de los personajes, especialmente de Jack Linden (espléndido Mark Ruffalo) y Terry Linden (una contenida Laura Dern), hasta hacernos comprender que la privacidad del alma se antepone a todo.