
Daniel Calparsoro se sube al carro del miedo y se aleja de la realidad que brillantemente lucía en sus cinco anteriores películas. La marca de autor se diluye a pesar de mantener la potestad en el guión y rodearse de afines, como el caso de Carlos Jean (que firma una banda sonora excelsa). Ariadna Gil sustituye a Najwa Nimri, fundiendo la formalidad interpretativa de ambas en un hacer calparsoriano. La historia cierra y abre continuamente la misma puerta, pasando de un lado a otro sin conseguir avanzar, hasta alcanzar unos 95 minutos de estiramiento denotado. El tempo de ficción se escapa de las manos de un director amoldado en los enfrentamientos humanos, urbanos en el inicio y bélicos en un último intento. El espectador adelanta el porvenir en un mal planteamiento de la historia y una peor expresión audiovisual, lo que provoca la humillación del director que observa sus deficiencias ante la incapacidad de provocar sorpresa, lo único que se esperaba de esta película. Actuaciones sin distinción y puesta en escena decepcionante completan las carencias de Ausentes.