sábado, 22 de octubre de 2005
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El reflejo de la dramática realidad española de los años 80 ronda por la cabeza de más de un director contemporáneo. Es la década en la crecieron y en la que maduraron su personalidad a ritmo de novatas pulsiones atrás cohibidas. Estos repasos históricos se documentan en el clamor social y en el impacto sobre una nación incipientemente democrática. Y desde ahí, apenas si hace falta algo más que dejar que el relato extraiga los recuerdos mediáticos. El mérito de Heroína reside en la capacidad narrativa que encierra un film aciago en la sorpresa. A golpes elípticos y fuerza interpretativa, la película de Gerardo Herrero transcurre torpemente alrededor de un planteamiento intenso pero de desarrollo débil e incapaz de sublimar el desarraigo de muchas familias gallegas abatidas por el narcotráfico. Aún así, el interés se mantiene, sabiendo que no hay historia, que no hay acción y que los personajes no darán más de sí; se mantiene gracias a un pulso cinematográfico puro, académico y experto. La manipulación del tiempo afinada por Herrero es un ejemplo del buen hacer cuando compruebas desesperadamente que la historia que has maquinado se desvanece ante la falta de profundidad narrativa y se queda en poco más que una anécdota retórica.
Publicado por DeckSkull @ 21:20  | Cine y T.V.
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Vista solamente a golpe de cantata peliculera, he de decir que la temática manida que nos trae a colación, no sorprende ni al más infeliz personajillo que ronda por las pantallas a espensas de cualquier cinta. Ya no cautiva la historia porque ya nos la sabemos, ya no gusta la forma de contarlas porque ya nos la han contado otros, y no nos atraen los actores porque no los vemos con buenos ojos...
Espero que a los hijos de los años ochenta les corra por la venas otra cosa...
Publicado por ClarenceCrane
domingo, 23 de octubre de 2005 | 12:02
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