La mirada femenina en el reciente cine español continúa marcando el paso del melodrama social y real, últimamente en el olvido. Patricia Ferreira ha conseguido plasmar en su tercera creación el desarraigo de una no tan atípica familia nacional del presente. Una planificación simple, que se abre paso entre un arriesgado –aunque también sencillo- montaje, nos deja acercarnos a las reacciones –que no a las acciones- de los dos personajes femeninos protagonistas (soberbia Emma Vilarasau, con Marta Etura al paso, junto a un Fernán Gómez correcto). La película transmite el realismo que su directora buscaba y entrelaza a la perfección actores principales con secundarios, reforzando así la trama trágica que prepondera, haciendo constar que el recuerdo de los muertos no ha de ser forzado a desvanecerse. El núcleo interpretativo sirve y basta para moldear los sentimientos de los espectadores, que se verán pronto envueltos por una historia próxima y bien narrada.